miércoles, 6 de junio de 2018

Poética




















aquellas cosas que se rompen
y no hacen ¡crac!

¿por qué son tan poéticas?



                                                “Bisontes en la cueva de la voz”. Soria, 2010


miércoles, 24 de enero de 2018

Amor constante...

















        
    Ángeles Álvarez Antúnez, mi madre 

                                         A mis padres, juntos más allá...

Ha cuajado la miel,
y algún calostro
duerme aún en las ubres
de mi memoria.

Padre
ha puesto al sol los higos rezagados,
luego los ha cubierto
con el cedazo grande
para que no los puedan
picotear las gallinas ni los tordos.

El tiempo, con oreos
de arrugado dulzor, amaga frío
y le corta las alas
a la luz de las tardes.

No supiera
todavía mi vida recordarlo
con esta taumaturgia
de la palabra;

empero,
se siente entre las pámpanas pensiles
el celeste recado del prodigio.

Va fruteciendo el mundo,
y la chumbera
sujeta mis recuerdos
con alfileres.

Madre
ha cosechado un cesto de azamboas
y membrillos tempranos,                             
luego los ha ebullido
en la marmita grande
con agua azucarada y una pizca
de no sé qué secreto.

El tiempo huele a oliva
sajada en el regazo
y a salmo en su salterio
de mosto agradecido.

No tuviera
todavía mi voz este arregosto
de sílabas contadas
en soledad;

empero,
en las henchidas pomas del granado
zurean los rubíes de mi asombro.

Se han ido las hormigas,
y las nubes
-con ingrávido afán-
hozan la tierra.

He puesto
mis ojos a sachar en los veriles
que lindan con las nieves,
luego los he dejado
chispear en un leño
para que no les salgan sabañones
de olvido.

El tiempo trae
a los tenues ringleros de mi vida
mariposas de tizne,
tallos de savia azul.

Yo me alimento
de la inexactitud de las palabras, 
de la inefable sed que aún las convoca.


                              "La raíz perpleja". Bujalance (Córdoba)


lunes, 27 de noviembre de 2017

Alzamiento de bienes









Nosotros, que ponemos
en pie un menhir sin que nos pertenezcan
la piedra ni el cimiento ni la altura,
que de tedios livianos como naipes
un taj mahal funámbulo construimos,
que hasta aguantamos la respiración
por colocar en la inestable cúspide
una última mirada debutante.
Nosotros, alarifes del poema,
pasantes de la entraña, manigeros
de asombros y rutinas,
si no alzamos la voz,
   nada erigimos. 


("Fundamentos portátiles. Jaén, 2005)

jueves, 26 de octubre de 2017

Un poema de Juan José Vélez Otero











Picture: Jason de Caires Taylor / Barcroft Media

 Poética

Conozco a algunos.

Escriben solos en la penumbra,
callados en la derrota,
en el lugar vacío, en el hueco
inmenso de un útero inservible y yermo.

Son los desconocidos, los olvidados, los parias.

Ni siquiera son malditos.

No hablan del bote de champú,
no hablan del paquete de Malboro,
ni del yogur de la merienda,
ni del taxi que tomaron esta tarde
para volver del dentista.

Son los inadaptados.

Ya creo haber dicho que habitan un lugar,
un lugar vacío al amor de la sombra.

Jamás visitaron la Corte, no conocieron mecenas
ni frecuentaron fiestas de gozos académicos.

Tampoco tertulias ni guateques locos
de triunfadores clónicos.

Cuando trabajan, sueñan.
Esclavos de la letra, de otras actividades comen,
y cuando les dejan se ayuntan,
y al final
en el olvido mueren.

Conozco a algunos.

No son gregarios.


Del libro "El solar". Ediciones Endymion, 2007





sábado, 2 de septiembre de 2017

Configuración


















                            Llega a ser el que eres.
                                                      Píndaro


De niña
me pintaba los labios
con las fresas del postre
o con barras de extracto
de regaliz que había
lamido previamente
y de aquella manera
gótica o pasional
con aquel simulacro
de ingenuidad cosmética
no otra cosa hacía
que imitar sin instinto
los ritos de la especie
y descubrir que yo
no era el ser genuino
que de mí se esperaba.

A veces
pasaba de puntillas
por delante de mí
o buscaba mi cuerpo
al dorso del espejo
de las inmolaciones
y de aquella manera
sigilosa o venial
con aquel merodeo
de sombra estupefacta
no otra cosa hacía
que extender por mi alma
panales derretidos
y depilar a tientas
cada palmo del ser
bajo el que yo esperaba.

También
impostaba una voz
inaudita y azul
o escogía otras letras
para que fueran ciertos
mi destino y mi nombre
y de aquella manera
clamorosa o crucial
con aquel testimonio
de angustia identitaria
no otra cosa hacía
que evidenciar la brecha
entre el verbo y mi carne
y presentarme al mundo
como un ser en discordia
con su fisonomía.

Ahora
que bisturíes y hormonas
han revelado en mí
la imagen que ensoñaba
en las aciagas noches
de mi perplejidad
escruto en la memoria
de los fatuos espejos
el hondo deambular
y el eco infatigable
de mis primeros pasos.

Ahora soy en mi ser
y me enamoraría
de aquella niña azul
que fue y no fui.


                                              Premio "José Antonio Torres" 2017
                                              LXVII Fiesta de las Letras. Tomelloso


viernes, 18 de agosto de 2017

Dibujos desanimados













A inciertas horas, las ciudades ludian
hogazas de silencio
y su voz es doblada
por los cetreros silbos del sigilo,
por los trazos rupestres de la angustia.
A ciertas horas, todo
proyecta sobre sí su propia fábula:
versión original del común miedo
a no ser, a estar solos, al dolor;
y cunde por los muros el desánimo
como un vistoso gas hinchando letras
que de puro volátiles perduran,
lo cual es otra forma de extinguirse.

"Fundamentos portátiles". 2006

lunes, 10 de julio de 2017

Como quien camina sobre el agua













("Infinitas posibilidades". Una fotografía de Philip Perold)


A veces no hago pie;
y no porque no
hayan tocado fondo las palabras
con que intento vadear tan sinuoso
cauce de incertitud,
sino cuando
con más fe doy mis pasos,
cuanto más cerca estoy 
de alcanzar la otra orilla.

"La raíz perpleja". Bujalance, 2013